Un lodge entre el agua y el cielo
“One touch of nature makes the whole world kin.”William Shakespeare
El Iberá no se visita: se habita por unos días. Acá la mañana empieza con un coro de aves que no necesita despertador, la tarde se navega entre camalotes y la noche cae bajo un cielo que nunca conoció la luz eléctrica. Nuestro lodge es un refugio donde la naturaleza, la conservación de la fauna y la gente del estero se encuentran.
Los chajás y los federales cantan antes que salga el sol. Café recién hecho en la galería, binoculares en mano y el primer safari del día: la laguna a esa hora es un espejo que nadie tocó todavía.
Remás por canales de agua oscura y transparente a la vez, con carpinchos que te miran pasar sin moverse un centímetro. El silencio solo se rompe con el golpe del remo y algún martín pescador.
A caballo por los palmares, al paso tranquilo de la gente de campo. Cada estación pinta el estero de un color distinto y ninguna se repite.
Mate, libros, la lluvia sobre el techo de la galería y el estero que se bebe el agua. Los días de lluvia acá no se pierden: se ganan.
Navegación lenta cuando el sol baja y el agua se prende fuego. Yacarés en la orilla, ciervos de los pantanos entre los camalotes y un cielo que no se puede explicar por teléfono.
Sin contaminación lumínica en cien kilómetros a la redonda, la Vía Láctea aparece entera. Una copa de vino, sillones mirando a la laguna y las estrellas haciendo el resto.
Kayak por canales que reflejan el cielo entero, guiado por gente que nació mirando este paisaje.
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Safari a pie y en bote para encontrarte cara a cara con el roedor más querible del planeta.
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El gran ciervo nativo de Sudamérica, pastando entre camalotes a metros de tu bote.
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